Se ha producido un error en este gadget.

sábado, 3 de diciembre de 2016


LAS REVOLUCIONES

 

Análisis cuali-cuantitativo.

 

Texto y Fotos O. Gomas. Archivos 

 


 

 
 La revolución es la partera de la historia"

Carlos Marx

 

 
Con esta breve frase del ideólogo alemán se define la naturaleza de un problema complejo y difícil de valorar, tanto por las causas que lo producen y sus consecuencias, como por la extrema diferencia de puntos de vista que hay entre vencidos y vencedores.

Si bien el autor de El Capital nunca dijo que con este tipo de partos se corre el peligro de que el niño nazca idiota por el trauma de los golpes, sin duda que en ellas se esconde la clave de los cambios habidos en muchas sociedades.

La historia de las revoluciones es de vieja data. Definida como una alteración violenta del sistema político imperante para producir rupturas fundamentales en las relaciones sociales, Aristóteles ya las señalaba como el momento del cambio cíclico de las estructuras y las formas de gobierno.

Por esa connotación de rebeldía, la palabra revolución ha sido utilizada indistintamente por todos los opositores de un régimen, cualquiera que sea su tendencia ideológica, siempre con la esperanza de que los sectores inconformes de la sociedad se entusiasmen en la lucha contra un gobierno cuando estos empiezan su inevitable proceso degenerativo.  De allí que revolución sea sinónimo de insurrección contra el mal político y la vía que suele ofrecérsele a las masas populares para venderles más fácilmente su esperanza de justicia.

Pero no todas las revoluciones son verdaderas revoluciones. En esta esfera de monóxido de carbono en que vivimos, cada país ha tenido no menos de diez a veinte revueltas en distintas épocas de su historia, solo que en casi la totalidad de ellas no ha sido otra cosa que un simple relevo de las personas que disfrutaban de los beneficios del poder.

Algunas, aunque sí produjeron cambios reales, más bien podrían ser catalogadas como guerras de independencia, conflagraciones étnicas o guerras religiosas, otras simplemente una alteración sustancial en el orden social y económico de un pueblo haciendo desaparecer a un grupo social.

De las revoluciones auténticas habidas en los últimos tiempos, casi todas tienen en común que nacieron de una crisis económica, fueron una pesadilla para los privilegiados del gobierno anterior, impusieron un régimen fuerte o de terror para mantenerse, y en el caso de las izquierdistas, además acabaron totalmente con la economía que ofrecieron mejorar, rompiendo las estructura social y los valores culturales del país donde se dieron.

 

 
LA CAUSA DE LAS REVOLUCIÓNES

 



       
Entre las múltiples causas de una revolución destacan dos: la brecha social y económica que se levanta entre los habitantes de un país, y la existencia de una dictadura que los asfixia y los destruye. Curiosamente, por ello es que no se dan revoluciones en países democráticos, ni en aquellos donde todo el mundo es pobre o la sociedad está económicamente equilibrada.

Cuando los motivos de la revolución son las diferencias socio económicas, esta tiene distintas cusas, entre otras, la interpolación de civilizaciones o culturas disparejas en un mismo territorio, la llegada de una gran fuente de riqueza que es manejada por una minoría, la ambición de poder de un líder y sus secuaces, la mayor habilidad e interés de algunas personas para acumular riqueza y, sin duda, el crecimiento incontrolable de la población marginal.  Pero el hecho concreto es que, cuando los privilegiados y los miembros de la elite gobernante viven felices, cantan, comen y gastan sin control y los demás solo ven, en el acto surge alguien que decide capitalizar esa desigualdad y la envidia que produce, y agita el país para que se produzca la revuelta.

El poder que mantiene cualquier sistema político injusto, se basa en las dudas que tiene la gente común sobre su capacidad para desplazarlo y el miedo a la represión, aunque en algunos países también se debe al oportunismo de buena parte de sus habitantes.
Si no fuese por estos frenos, pocos de los gobiernos maléficos durarían más de tres meses, ya que la mayor parte de ellos, sean instalados por las armas o por los votos, muy pronto se vuelven impopulares.
Pero cuando el pueblo pierde ese temor y se pliega a la idea de la asonada, acepta volverse carne de cañón y, al vencer el miedo a la represión le quita la base de sustentación al aparato de poder.
En ese momento los gobernantes son ridiculizados, no se le teme a la policía ni al ejército, las personas se unen y salen a la plaza pública, se convoca a huelgas, a resistencias pasivas, surgen las acciones destructivas en las calles, se ataca al viejo orden violentamente y la protesta logra su objetivo. Casi todo ciudadano se ha vuelto un activista, y por la presión de las masas entusiasmadas y la oratoria candente de los líderes, asume la conciencia revolucionaria.

Los marxistas para sus revoluciones llaman a ese momento el paso del cambio cuantitativo al cualitativo en el proceso dialéctico de la historia. Pero en realidad, como ha demostrado de manera patética la llamada revolución bolivariana en Venezuela y se demostró en todos los viejos países comunistas, en esencia solo suele ser el paso del disfrute del poder de un pequeño grupo a otro, que automáticamente se transforman en el de los nuevos privilegiados.
Para constatarlo basta ver como se han apertrechado de riquezas los líderes políticos, militares y civiles en absolutamente todas las sociedades que se autoproclamaron revoluciones comunistas o populares. En la orgía de cambio y disfrute de la nueva minoría roja, ocuparon un lugar especial los jefes de las llamadas revoluciones: “La nueva Clase”, como los llamó Dijlas, que después que tomaron el poder, se organizaron en una camarilla que empezó a embelesarse con la gran fiesta, los autos de lujo, los chóferes, los guardaespaldas, las residencias de los viejos ricos, los viajes al extranjero, cuentas secretas y el incontrolable desfalco de los fondos públicos, solo que ahora deleitado a nombre del pueblo y bajo un sistema de terror.

 

 
LOS COMPONENTES
 
 
 
 

 
En toda revolución siempre están presentes ciertos componentes gracias a los cuales logran instaurarse y derrocar al viejo régimen. Entre los más importantes están:

 

El líder

   

Tipo carismático, dinámico en extremo, idealista y organizador, cuyo perfil psicológico muchas veces devela a un frustrado o al menos a una persona insatisfecha socialmente, agresiva, casi siempre egocéntrico, a veces desalmado y siempre de conducta impetuosa. Su capacidad de hipnotizar con la palabra, -en lugar de haber sido canalizada hacia las ventas, donde pudo hacer buena carrera- se orientó hacia el agite y lo vuelve uno de los individuos más importante del paquete.

 

Los poetas y los intelectuales  



Grupo de personas que hace gala de su sensibilidad social y que con sus escritos o rimas cantan a la esperanza y a un futuro mejor. Si son gente honesta, indefectiblemente terminan encarcelados por el nuevo régimen cuando disienten de las políticas que ayudaron a instaurar al ver cómo se ha traicionado el futuro con el que soñaron. Otros, demasiado intelectuales, simplemente se pliegan al nuevo equipo donde disfrutan de los privilegios, viajes, premios y reconocimientos.

 

El armamento  



Las revoluciones solo se implementan a tiro limpio, de allí que su punto ideológico para el pueblo sean: al comienzo, las piedras y las bombas Molotov y luego las balas y todo tipo de armas y explosivos.

 

Las proclamas  




Revolución sin proclama es como piñata sin palo. Las proclamas son los discursos candentes o las hojas donde los líderes del movimiento hacen un llamado a la materia prima de la revolución, el pueblo, para que esta se les pliegue y los fortalezca.

 

La agitación


 
Es la música del movimiento popular, supone la organización, la toma de las calles y las manifestaciones, destacándose las de los estudiantes, a los que nadie les gana en su entusiasmo para alborotar y tener una excusa para divertirse y no tener que ir a clases.

 
La violencia



Es el explosivo final que hace temblar los cimientos de la estructura política atacada. Unida al armamento, al grito de los cabecillas y el rugido de las masas, surge por todos los rincones de la ciudad, dentro de los Ministerios y oficinas del gobierno, de día y de noche, y así va creciendo poco a poco hasta que vence a las fuerzas del viejo orden, que asustados huyen, los ahorcan, o quedan tirados en las calles bañados de hemoglobina. Parece increíble, pero no tiene importancia la fuerza de fuego del régimen opresor cuando la voluntad popular bien dirigida ha tomado las riendas de la acción.  Lo grave es que luego se manifiesta en los terribles actos de venganza contra los funcionarios represores y los corruptos.

 
La masa humana

Foto  de Internet

 
 

Es la materia prima de la revolución. Si ella no está del lado del movimiento revolucionario el fracaso la amenaza peligrosamente. Al comienzo la forma un grupo pequeño de los líderes, los estudiantes y los partidarios más exaltados, pero una vez que ha prendido la idea, la incorporación de miles de personas de todas las clases sociales hacen que el fervor y los gritos les retumben en los oídos a los que detentan el poder caduco.  En las revoluciones que surgen contra las dictaduras comunistas, esta suele contenerse por un poco más de tiempo, debido a la propaganda agobiadora del régimen y al terror policial, pero al final ya nada logran, solo aumenta más furia colectiva.

 

La propaganda
 

 
Es el rumor escrito, panfleteado, radiado o que se trasmite de voz en voz denigrando del sistema, ahora también por las redes sociales. Ella informa de las injusticias y las aberraciones del poder, exagerando los males hasta que logra hacer masivo el descontento. Lo revolucionarios expertos saben que junto con la agitación continua constituyen el binomio fundamental para el triunfo de la revuelta

 

Una crisis económica
 
 

Es la madre putativa de la insurrección. Detrás de casi todas las revoluciones habidas se haya una fuerte crisis económica o financiera, que ha asfixiado a las grandes mayorías dando base para el descontento y a las desigualdades. Siendo este el estado natural de la economía de casi todos los países, explica porque muy pocos lugares están a salvo de un agite revolucionario, y estas pueden ser lo mismo en regímenes de derecha que de izquierda.

 

La ideología
 
 
 
Suele haberla, aunque no necesariamente. Es la filosofía de la revolución, los fundamentos para la acción y el programa de gobierno. Generalmente la redactan en la clandestinidad, el líder y sus allegados más leídos con la ayuda de intelectuales burgueses, -jamás un obrero o campesino levantó una ideología-.  Ella es una amalgama de esperanzas y sueños bien encadenados que permite ofrecerles algo llamativo a los intelectuales, a la clase media y a las masas desesperadas por la crisis y falta de confianza en el futuro.
 
 
 
 



ARMAMENTO REVOLUCIONARIO

 
En la lucha por el poder, los que buscan un cambio se auxilian con armas de diferente naturaleza y capacidad destructiva para derrocar al régimen. He aquí algunas de las más usadas.

 
LAS PIEDRAS  



 

El arma más barata para combatir a las fuerzas represivas. Muy usada por los manifestantes cuando intentan dispersarlos. Una pedrada bien colocada en la cabeza de un agente del orden puede ser tan efectiva como un tiro de fusil. Los buenos instructores en lucha callejera enseñan a lanzarlas de manera eficaz a las partes no protegidas, así como directamente a la rótula, a las manos o a los pies del represor.  En la foto puede verse una pieza calibre 45 con aristas cortantes y desplazamiento de 80 kilómetros por hora. Las más pequeñas se usan lanzadas por chinas, un viejo armamento de poder insospechado.

 

LAS BOMBAS MOLOTOV
 
 

 
Arma húngara inventada para combatir a los tanques rusos. De suma efectividad y poder disuasivo para detener el avance del enemigo armado. Hechas de una botella, gasolina con un corcho y una mecha, se les conoce como el lanzallamas popular.  Si se arrojan varias botellas amarradas pueden transformar a un batallón de policía o de colectivos armados en parrillada. Hay revolucionarios que antes de preparar sus bombas se beben todo el contenido de varias botellas de licor, y a la hora de la revuelta no solo tienen mas munición, sino son más osados que cuando estaban sobrios.  Se dan casos de islamistas del ejército de auto inmolación que se las beben cuando tienen la gasolina y al llegar a su objetivo se limitan a abrazar al enemigo, invocan a Alá, prenden un cigarro y se chupan la colilla.

 

  ARMAS CORTANTES
 
 

 
Para muchos teóricos de la revolución las armas de filo están un poco obsoletas, pero sin duda que aún conservan su sabor romántico a la hora de una batalla donde se lucha por ideales.  Una mini cortadita en el dedo chiquito de un policía que no tenga acceso a un curita puede desangrarlo en cosa de semanas. Ante la imposibilidad de comprar estiletes o espadas de lujo, algunas personas usan hojillas de segunda mano que a veces matan por la infección o por el veneno en que las mojan.

 

 
MOSQUITOS



 
Los mosquitos con alta capacidad de chupada o de producir tormento en los oídos de sus víctimas son otra de las armas favoritas del pueblo.  Los miembros de los Batallones de Insectos Peligrosos de los ejércitos revolucionarios cazan miles de ellos en los charcos de agua del vecindario, los meten en bolsas de plástico y luego las abre y se las sacude enfrente al enemigo. En Vietnam, la VI división de las Infantería de Marina fue prácticamente devorada por mosquitos en el ataque a Tun Ban Ku donde fueron derrotados. Aún hoy quedan muchos veteranos sobrevivientes de ese sitio, que por puro reflejo vive rascándose todo el día.
La foto muestra un Modelo Culex, trasmisor de la encefalitis viral, con trompa calibre 12 y alas desplegables con sonido de rotor Caterpillar. Actualmente algunos combatientes usan la variedad Zika cuando la policía usa mujeres embarazadas.

 

LOS VENENOS




 
Los venenos en la lucha política se pusieron de moda en los tiempos de los primeros papas de la iglesia. Pero en las revoluciones modernas, la eliminación de los jefes mas asesinos de un gobierno suelen ser con provocativos frutos, divinos chocolates y pastillas básicas para su salud. Estos varían, desde los de efecto instantáneo, a los de efecto retardado, incluso hasta de un año. La masa de grandes dictadores muertos con veneno nos sorprendería. De allí que, a los tiranos gordos les conviene adelgazar, si no para la salud de su corazón, al menos para que comiendo menos un día no sientan un mareo sospechoso.  
Según el catalogo Murdoch de gobernantes pasados a mejor vida antes de tiempo, muchos de ellos no mueren por efecto del veneno, sino por el pánico que no les deja disfrutar de los manjares. 

 
 
 
CONTINUARÁ.