Se ha producido un error en este gadget.

viernes, 22 de abril de 2016


RITUAL DIABÓLICO

 

Texto y fotos de O. Gomas. Archivos

 



 

 Desciendo al fondo de la mina hasta llegar a la caverna del azufre.  En los laberintos del Mývatn, en la Islandia de glaciales eternos y fumarolas incansables, el aire pesa como el plomo. A treinta metros de profundidad la presión y la escasez de oxígeno controlan todas las formas del silencio, pero así quería estar.  En manos de la soledad absoluta. En cuarentena extrema, para tratar de comprender uno de los hechos más incomprensibles en la historia de las civilizaciones primitivas: ¿Por qué ocurrió lo que le ha ocurrido a Venezuela?

 Inspirado en los textos secretos de Akenaton, el de la XIII dinastía del desierto, imbuido en las practicas hindúes de concentración y ubicado en el ostracismo de los yacimientos de la materia prima del infierno, busco encontrar la verdad, lejos del brillo de los territorios asoleados, de las playas azules de arenas blancas y las selvas hermosas de un país que es tan rico como maltratado.

Siguiendo el rito sagrado de los yogas del antiguo Egipto, asumo su verticalidad de espíritu buscando las corrientes secretas que les conectaron a la energía cósmica. Respiro profundo y lleno los pulmones con el fluido vaporoso de la mina, a la vez que me caso en boda sin estruendos con la noche oscura. A lo lejos retumba el ruido de picos y taladros en alguna galería, donde los mineros angustiados arañan las paredes sulfurosas.

Concentrado en el cero absoluto llevo la punta de mis dedos a las sienes y pienso hondo, dolor adentro. Levanto los brazos hacia el techo de la amarilla gruta y en plena rigidez me pregunto en jeroglíficos:

 
 

 

-Dime rata albina de los sumideros de Alejandría ¿Qué pasó con las inmensas riquezas que nos regaló el fondo de la tierra? ¿Dónde están la bauxita y el hierro virgen transformado? ¿Qué fue de los altos hornos que eran orgullo de la patria?  ¿Por qué fracasó el Gurí que quiso dar luz en un país que necesitaba salir de las tinieblas?  ¿En qué sitio enterraron las máquinas de las industrias que nos vestían y calzaban, de las manufacturas, del cemento y las viviendas? ¿Qué pasó con la producción del campo? ¿La de leche, la de carne, la del cacao y del azúcar?  Contéstame cazadora implacable de las tenebrosidades del Nilo ¿Qué país disfruta ahora de nuestros ingenieros, de nuestros profesores lúcidos, de aquella masa de suma cum laude a los que en un amanecer siniestro les dijeron: “Váyanse de aquí, que no hacen falta”?  ¿A qué enfermos salvan en su agonía los médicos que se nos fueron? ¿Dónde pernoctan los talentos de una generación de relevo irremplazable?

La mudez extrema es la única repuesta. Cierro los ojos y, sollozando en re menor me entrego a los brazos del dolor por la ira contenida.

 Al rato recupero fuerzas. Tomo de nuevo el aire que alimenta a los condenados al abismo y asumo la posición del camello del panayana hindú. Con el puño derecho en alto, aulló con el canto de los muertos renacidos de Calcuta y pido a la tarántula sagrada de duesha que me ayude:

 

 

-¿Dónde estás ahora espíritu del Libertador? ¿Por qué dejaste que tus sueños cayeran en manos del odio y de quienes no comprenden que es malo robarse y regalar la patria por pedazos? ¿Es que no te distes cuenta como abundaban las conciencias fermentadas? ¿Por qué lo permitiste? Háblame en signos. Envía aunque sea un aliento para que me oriente en la desgracia ¿No sabías tú, que iba a empezar otra ola de sueños extraviados y a reinar un príncipe de engaños? Dime, te lo ruego humillado como un gusano ¿Por qué no renaciste para salvarnos? ¿Es que no viste a tiempo que iban a profanar tu tumba y tu rasposo y el reposo de la mujer que amaste? ¿Por qué no los ayudaste a corregir la verdadera podredumbre que hubo en el pasado? ¿Cómo permitiste que en lugar de acabar con un poder judicial corrupto se haya preferido eliminar a la justicia?

 Aguardo la respuesta de la tarántula sacrosanta de Jaipur pero solo escucho el murmullo de su mutismo aterrador. Dejo rodar una lágrima que cae seca de tanto encierro y me desplomo tiritando por el peso de la furia.

Esta vez invoco al gran maestro Padmasambhava, y tomando la posición de la serpiente sagrada del Palacio de los Vientos y del de Mahayana de Mantargruño sigo preguntando:

 

 

 
-Explíquenme escarabajos relucientes del Ganges ¿Por qué acabar con un país en lugar de hacerlo mejorar? ¿Cómo es posible que una milicia que solo representa muerte robe a mano armada el dinero de las universidades, de los médicos y los enfermeros? ¿Quién explica que las comisiones y las ayudas a otros países se lleven el presupuesto de las viviendas, de los salarios y las jubilaciones? ¿Por qué tanto pillaje y tanta corrupción impune? Explíquenme bichos santos que se arrastran y saben tanto de maldades ¿Por qué las cárceles están llenas de inocentes? ¿A que achacan tanto error descomunal?  Arrojen su respuesta al río. Irrádienla hacia el cielo si les es más fácil, pero contéstenme ¿Es posible que una subasta de almas permita que se alabe a un terrorista desalmado o a un ladrón con acento líbico?

Espero un rato pero no hay respuestas, solo silencio y más silencio.

Ya cansado de la súplica me levanto con el peso de una amargura que se revuelca sobre sí misma, y secándome los ojos de mis lloros invisibles descendiendo hacia la profundidad de la caverna. Creo que es mejor buscar respuesta directa en el fuego del infierno.